LA DRAMATIZACIÓN COMO RECURSO:



A raíz de la dramatización he hemos realizado hoy mis compañeros y yo, he visto que puede ser un gran recurso, ya que genera motivación dentro de los alumnos y alumnas, además de ser un contenido a trabajar en el aula.


La dramatización, junto con la interpretación teatral, son métodos flexibles que facilitan la experimentación, pueden ayudar a comprender la realidad y, en nuestro caso, facilitará la comprensión de elementos del lenguaje música.


Nosotros en concreto trabajamos la dramatización a través de una canción educativa de cómo enseñar a los niños que se lavasen los dientes, pero puede haber otras técnicas, como por ejemplo la dramatización de un cuento.
Por ejemplo, el cuento que muestro a continuación (anexo 1) es una dramatización estupenda para realizarla con el segundo ciclo de educación primaria ya que constituye una herramienta muy útil para interiorizar y afianzar conceptos relacionados con el lenguaje musical de forma práctica y divertida. Dichos conceptos serían: las figuras, los silencios y su valor, la clave de sol y el pentagrama.



Medina Pérez, Lorena (2º educación especial)

ANEXO 1:



”En la ciudad de la Música”
En la ciudad de la Música, todo era tranquilo y divertido. Cada uno a su son y viviendo a su ritmo.
Fue un día de verano, cuando todo sucedió, la ciudad se volvió loca sin saber porqué razón.
Fueron algunos vecinos los afectados, vecinos que vivían en el mismo portal, en una casa muy grande, la más antigua del lugar. Era un edificio muy alto con cinco pisos y cuatro espacios. Era la casa pentagrama, casa de especial renombre, que albergaba a gente andante y tranquila y gente joven, alegre y divertida.
Doña Redonda, era una señora muy seria y muy formal; una persona muy tranquila y muy particular. Sus andares eran gallardos y majestuosos. Caminaba muy pausada, entre paso y paso se contaban 4 pulsos. Los chicos del barrio al verla les marcaban el ritmo, contaban de cuatro en cuatro, pulso que siempre era exacto y constante.
Pero ese día, día de verano, comenzó a andar con prisa, parecía llegar tarde a todos sitios y corría sin cesar. Su marido, don Silencio, le miraba asombrado. Cuando iban de paseo, era el caos total: él marcaba los cuatro pulsos exactos de siempre al andar, pese a las prisas y premuras que tenía su mujer al caminar. Vivían en un cuarto piso y aunque la casa tenía ascensor, al que llamaban todos los vecinos del portal la clave de sol, por que si lo cogías podías desde la última planta del edificio contemplar el sol y toda la ciudad, se empeñaba en ir por las escaleras y sin esperar.
El hecho de subir cuatro pisos, no parecían impedir que lo hiciera de forma animada y vivaz. Sin descansar.
Su vecina doña Blanca también cambió; sus pasos eran algo más rápidos de lo habitual. No fue un cambio abismal, pero el primero en notárselo fue el vecino del tercero, su pariente don Silencio de blanca. De dos en dos andaban, cuando se les veía caminar, sus pulsos eran los mismos, la familia siempre fue igual.
Pero ahora su ritmo era alegre y jovial, parecía ser alguien más joven con ganas de vivir y disfrutar. Al que la vida le empujaba a marcar un pulso más dinámico de lo normal.
Todos los vecinos estaban consternados, se preguntaban: “¿qué había pasado?”
Pero no tenían repuesta alguna.
Los cambios más sorprendentes lo sufrieron la señora Negra y la señora Corchea y sus respectivos esposos, el Silencio de negra y de corchea. Eran jóvenes y enérgicos, vecinos nuevos llegados a la ciudad.
Parecían ajados y viejos, les costaba caminar y respirar, sus andares eran lentos, mucho más lento de lo habitual.
Doña Corchea se paraba en cada esquina a respirar, necesitaba tomar aire, y fuerzas para continuar.
Los cambios duraron días y días, no sabían qué hacer, los médicos no se explicaban a qué se podía deber.
Pensando y pensando los más ancianos de la ciudad, llegaron a la conclusión: Los días anteriores al cambio, un viento se levantó un viento demasiado rápido que pocos minutos duró, pero que levantó sillas y mesas, y hasta persianas se llevó.
-“¿Podría ser esa la respuesta a dicha cambio abismal?”- se preguntaron.
Todos los afectados se encontraban en la plaza en ese momento, disfrutando de las vacaciones, tomándose unos refrescos, refrescos que les costó caro, por cierto.
El viento les jugó una mala pasada; ¿cómo podrían solucionarlo?
Debían esperar otro aire, un aire más pausado y moderado, aire que les tocase su cuerpo y que les produjera el cambio.
Todos los días miraban desde su ventana desesperados, a ver si las hojas de los árboles se movían y llegaba el milagro.
Una noche desesperados, se volvieron a juntar en la plaza para tomar una decisión, irían al pueblo de al lado a pedir otra opinión. Mientras hablaban y hablaban no notaron que llegó el viento moderado y tranquilo que los curó.
Quedaron a una hora para marchar al día siguiente y se despidieron sin notar nada. Cuando de nuevo amaneció la señora corchea y la negra, bajaron aceleradas, pensaban que llegaban tarde y que todos les esperaban. Cuando la gente de la ciudad las vio llegar, empezaron a aplaudir y a gritar. Ellas se quedaron asombradas, ¿qué sucedía allí? No se habían percatado, pero todo había cambiado y vuelto a la normalidad. Cada una tenía su ritmo, un ritmo muy particular.
Esa noche hubo fiesta en la ciudad, todos estaban en la plaza, había que celebrar, cada uno de los vecinos había recuperado su forma de caminar.
La gente de los pueblos de alrededor se acercaba a conmemorar, pues la fiesta fue algo muy sonado, algo para recordar.
Y así fue como todo volvió a la calma, lo que por días fue un caos total ahora era una anécdota que contar, algo divertido, con lo que poder bromear